Una instalación individual da servicio a una sola plaza, con un circuito propio desde la centralización de contadores hasta el cargador, con sus propias protecciones y su propio contador o sistema de medición. Es la solución más directa cuando eres el primer propietario en plantear un cargador y no hay más interés inmediato en la comunidad.
Esta guía explica cómo se ejecuta técnicamente y qué revisa la valoración previa, qué ventaja tiene frente a una instalación colectiva, qué pasa con la potencia cuando el margen está ajustado y qué cargador conviene elegir, cómo afecta que el garaje sea antiguo y sin infraestructura previa, y qué ocurre si más adelante otro vecino quiere sumarse a la misma canalización.
Conviene aclarar de entrada que "individual" no significa "provisional" ni "de segunda categoría" frente a una instalación colectiva: es simplemente la solución dimensionada para el número real de usuarios que existe en el momento del proyecto, sin sobredimensionar una infraestructura que no haría falta. Lo habitual es que sea un único propietario quien da el primer paso, y la instalación individual resuelve ese caso sin necesidad de esperar a que se sumen más vecinos.
¿Cómo se ejecuta técnicamente y qué revisa la valoración previa?
Se tiende un circuito dedicado desde la centralización de contadores —o desde el punto de acometida que se determine en la valoración— hasta la plaza, con su propio contador para que el consumo se facture al propietario que lo usa, y las protecciones eléctricas específicas para ese circuito. El recorrido de la canalización por zonas comunes es el punto que más varía de un edificio a otro.
La complejidad de ese recorrido depende de tres factores: la distancia entre la centralización de contadores y la plaza, si hay que atravesar zonas comunes con acabados que haya que reponer, y si el suministro del edificio tiene margen de potencia disponible para dar de alta un nuevo circuito. Estos tres factores se confirman siempre revisando el caso concreto, no de forma genérica: una plaza cercana a la centralización de contadores, en planta baja o sótano -1, suele resolverse con un recorrido corto y sin apenas afectar a otras zonas; una plaza alejada, en un sótano -3 de un edificio con varias plantas de garaje, implica un recorrido más largo y más puntos de paso que valorar. La valoración técnica revisa precisamente esos tres elementos —estado y margen de potencia disponible en el suministro, distancia y recorrido posible entre la centralización de contadores y la plaza, y características de la plaza en sí, si es interior o exterior o si hay elementos que puedan interferir con el recorrido— para proponer un proyecto ajustado a la realidad del edificio, no una solución genérica. Un especialista confirma la mayor parte de los datos relevantes antes de preparar el presupuesto ajustado; solo cuando queda alguna duda técnica sin resolver se plantea una visita, que no es el punto de partida habitual del proceso.
Caso práctico: dos plazas del mismo edificio con complejidad muy distinta
En un mismo edificio pueden convivir dos instalaciones individuales con complejidad completamente distinta: una plaza junto a la centralización de contadores se resuelve con un tramo corto de canalización vista, mientras que otra plaza al fondo del garaje, en otra planta, puede requerir cruzar una zona de paso de vehículos con canalización protegida y un recorrido considerablemente más largo. Cada instalación individual se valora por separado, aunque estén en el mismo edificio y el mismo garaje.
¿Cuándo conviene la instalación individual y cuándo no?
Es más rápida de resolver porque no depende de coordinar con otros vecinos ni de prever un dimensionado conjunto: se ejecuta para tu caso concreto, con tu plazo habitual, sin esperar a que otros propietarios decidan si se suman. Si eres el único interesado a corto plazo, no tiene sentido complicar el proyecto pensando en una infraestructura compartida que igual no llega a usarse. Deja de serlo cuando ya se sabe que dos o más vecinos van a querer cargadores en los próximos meses: ejecutar instalaciones individuales una detrás de otra repite obra en las mismas zonas comunes, y ahí entran los dos caminos que decide la comunidad —la instalación colectiva y la preinstalación—. Qué criterios inclinan la balanza hacia uno u otro está en cómo se decide entre instalación individual y colectiva.
¿Qué pasa con la potencia cuando el margen está ajustado, y qué cargador conviene elegir?
Se confirma en la valoración técnica si el suministro del edificio tiene margen para dar de alta el nuevo circuito sin comprometer el resto de suministros. Si el margen es limitado, puede ser necesario ajustar la potencia del cargador o valorar soluciones de balanceo, igual que en una instalación de vivienda unifamiliar; el criterio de selección del propio equipo, por su parte, depende de la potencia disponible en el circuito y del uso previsto, no del hecho de estar en un edificio con más vecinos.
Confirmar el margen de potencia disponible en el suministro lo hace quien realiza la valoración técnica del proyecto, revisando la instalación real: no es un dato que se pueda estimar sin verla. Es uno de los puntos que más varía entre comunidades, incluso entre edificios de características similares —un edificio con instalación eléctrica más reciente suele tener más margen que uno con instalación original de varias décadas sin actualizar—. Cuando el margen no permite dar de alta el circuito con la potencia inicialmente pensada, las alternativas técnicas pasan por reducir la potencia del cargador a lo que el suministro sí admite, valorar un sistema de gestión dinámica que limite el consumo del cargador cuando el resto del edificio demanda más potencia, o, en último término, plantear una ampliación de la potencia disponible del suministro si varios propietarios van a necesitar margen adicional en el futuro. Cada opción se valora según el caso concreto, no existe una solución única válida para todos los edificios. ETRICA trabaja con equipos como V2C Trydan, Policharger NW o Tesla Wall Connector, que cubren la práctica totalidad de casos de instalación individual en comunidad, y disponer de un equipo con app y consumo visible aporta tranquilidad adicional en un edificio donde conviven varios suministros: permite comprobar que la factura corresponde al uso real, algo que en una vivienda unifamiliar tiene menos relevancia porque no hay comparación posible con otros usuarios del edificio. El criterio completo para decidir qué modelo conviene en un garaje comunitario frente a una vivienda unifamiliar, y cuándo pesa más la gestión de usuarios que la potencia, se detalla en una guía específica sobre qué cargador conviene según el tipo de instalación en un garaje comunitario.
Qué pasa si el propietario ya usa un cargador portátil provisional
Es habitual que, antes de plantear una instalación fija, el propietario haya estado cargando con un cable portátil conectado a un enchufe convencional de la plaza o de una zona común cercana, una solución provisional que no está pensada para uso continuado ni ofrece las mismas protecciones que una instalación fija. El paso a un cargador fijo no reaprovecha esa conexión provisional: se ejecuta como una instalación nueva, con su propio circuito y protecciones dimensionadas para uso habitual, y el cable portátil queda como recurso ocasional para otros contextos, no como parte de la instalación definitiva.
¿Qué pasa si el garaje es muy antiguo y no tiene infraestructura eléctrica cerca de las plazas?
En garajes antiguos, sin canalizaciones previas ni cuadros secundarios cerca de las plazas, el proyecto parte de cero: hay que llevar el circuito desde la centralización de contadores hasta la plaza sin apoyarse en infraestructura existente que reduzca el recorrido. Es más frecuente en edificios anteriores a la normativa que exige reservar espacio para infraestructura de recarga en garajes de nueva construcción.
Los edificios sujetos a normativas de construcción más recientes suelen tener, por la propia normativa vigente en el momento del proyecto, alguna previsión para infraestructura de recarga futura: un tubo vacío reservado, un cuadro con margen adicional, o al menos un recorrido de bandeja ya ejecutado que facilita tender un nuevo circuito. Los edificios más antiguos no cuentan con nada de eso, así que cada nuevo circuito individual se abre paso por primera vez, lo que amplía el alcance de la obra sin cambiar el derecho del propietario a ejecutarla.
Caso práctico: garaje sin canalizaciones previas en ningún punto
En un garaje de una promoción de hace varias décadas, sin ninguna reserva de infraestructura para recarga, la primera instalación individual del edificio suele requerir el recorrido más largo y más visible de todo el proyecto: es la que abre camino. Las instalaciones de vecinos posteriores, aunque siguen siendo circuitos independientes cada una, a veces pueden aprovechar parte del mismo tramo de bandeja o canalización protegida ya ejecutado, si el diseño del primer proyecto lo contempló con margen suficiente para no tener que repetir esa obra desde cero cada vez.
Qué pasa si el recorrido necesario atraviesa zonas con acabados delicados
Cuando el trazado más directo entre la centralización de contadores y la plaza cruza zonas con solados o pinturas recientes, o zonas de paso donde no conviene dejar canalización vista, el proyecto valora un recorrido alternativo, aunque sea algo más largo, para minimizar el impacto en esos acabados. Es una decisión que se toma durante la valoración técnica, sopesando el recorrido más corto frente al que menos altera el estado de las zonas comunes, y que conviene dejar reflejada en la comunicación previa a la comunidad si supone reponer algún acabado tras la obra.
¿Qué pasa si más adelante otro vecino quiere conectarse a mi misma canalización?
Una instalación individual se dimensiona y se factura para el propietario que la solicita: el circuito, las protecciones y el contador son suyos. Si meses o años después otro propietario quiere instalar su propio cargador, no se conecta a la canalización ya existente de otro vecino, sino que ejecuta su propio circuito independiente desde la centralización de contadores, salvo que ambos propietarios decidan, de mutuo acuerdo, replantear conjuntamente una solución compartida. Compartir físicamente una misma canalización entre dos instalaciones que en origen se pensaron como independientes complica el mantenimiento y la responsabilidad sobre cada tramo: si aparece una incidencia, no queda claro de forma inmediata a qué instalación corresponde. Es preferible que cada instalación individual mantenga su propio recorrido, aunque sea en paralelo al de otro vecino, salvo que desde el principio se plantee como un proyecto colectivo con infraestructura común compartida.
Cómo se resuelve si dos vecinos quieren coordinarse tras la primera instalación
Si tras la primera instalación individual aparece un segundo interesado, lo más eficiente suele ser valorar en ese momento si conviene una preinstalación que deje capacidad reservada para ese segundo punto y para otros que puedan sumarse después, en vez de repetir de forma aislada cada nueva instalación individual. Esa decisión ya no es tuya sino de la comunidad, y se explica en la preinstalación de cargadores en garaje comunitario. No exige deshacer ni modificar la instalación individual ya ejecutada. Tampoco exige renegociar nada con el propietario que instaló primero: su circuito sigue siendo suyo, con su propio contador y sus propias protecciones, y la nueva preinstalación se plantea como una infraestructura adicional que convive con la existente, no que la sustituye ni la absorbe.
Antes de decidir
Una instalación individual bien ejecutada no compromete a la comunidad ni condiciona instalaciones futuras de otros vecinos, siempre que se dimensione bien desde el principio. En ETRICA valoramos siempre el margen de potencia disponible en el suministro antes de proponer el proyecto, con el mismo plazo de 5 días laborables de ejecución una vez resuelto el trámite de comunicación a la comunidad.
En más de 1.000 instalaciones, la mayoría de los proyectos en garaje comunitario empiezan siendo individuales, y solo una parte evoluciona más adelante hacia una infraestructura compartida cuando otros vecinos se suman. No hay necesidad de anticipar ese escenario si no hay indicios reales de que vaya a producirse: la instalación individual bien dimensionada no cierra puertas a futuras ampliaciones del garaje.
Vale la pena insistir en un punto que se malinterpreta a menudo: elegir instalación individual no es una decisión de compromiso ni una solución de mínimos. Cuando el número real de interesados es uno, es la solución técnicamente correcta, no un paso intermedio hacia algo mejor. La instalación colectiva no es "superior" en abstracto; es la respuesta adecuada cuando el número de usuarios previsto lo justifica, exactamente igual que la individual lo es cuando no.
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